Muchos escritores noveles se preguntan cómo escribir una novela de éxito. En muchos casos, el cuento, el poema o la obra de teatro no es suficiente para dar rienda suelta a su creatividad. Lo bueno de la novela es que, al contrario que otros géneros literarios, tiene un caudal prácticamente ilimitado. Precisamente por eso, su realización conlleva dificultades técnicas considerables. Para que, una vez puesto el punto final, el conjunto tenga sentido, hay que seguir una serie de pautas estructurales. Si te apasiona este ámbito, no te pierdas nuestro Máster en Escritura y Narración Creativa. Y sigue leyendo junto a nosotros.

En el presente artículo te presentamos las pautas más importantes. Obviamente, se trata de una guía de carácter orientativo. En tanto que, la gracia de muchos libros ha sido revertir puntualmente estas reglas. Aun así, te servirán como base para pensar e irle dando forma a lo que será tu producto final.

Cómo escribir una novela: el narrador

Este es el elemento por antonomasia. Podría decirse que el narrador es la condición de posibilidad de que exista una novela. Este concepto responde a la pregunta de quién es el que cuenta la historia narrada. Esto puede hacerlo el propio escritor, mediante una narración confesional en primera persona. Pero también un personaje dentro de la propia novela. Hay muchas variantes posibles. A continuación, citamos dos de las más recurrentes. Ambas, además, pueden considerarse polos opuestos.

El narrador omnisciente

Este narrador sabe todo acerca del mundo en el que transcurre la historia. Su posición es, por tanto, equivalente a la de un “dios”: todo lo ve, todo lo oye, todo lo sabe. Suele narrar los acontecimientos en tercera persona y sin duda es el narrador más típico de la historia de la literatura moderna.

Monólogo

Más que un narrador, es una técnica literaria que consiste en transcribir el pensamiento de un personaje. Es uno de los métodos que más se usan para solucionar la duda de cómo conformar una novela. Ahora bien, un monólogo implica que todo lo que se pone por escrito se corresponde con el personaje en cuestión. Es decir, con lo que sabe, con lo que ve, oye, piensa sólo él o ella…

Cómo vertebrar una novela: el personaje

No hay una gran novela que no incluya grandes personajes. Lo habitual es caracterizar a los personajes como malos o buenos. Pero esta categorización solo funciona de un modo superficial. Los grandes personajes se definen, antes que nada, por enfrentarse a un conflicto que los pone en crisis. A través de este enfrentamiento, adquieren un relieve humano, a la vez que una motivación con la que avanzar en la historia.

Cómo diseñar una novela: los puntos de vista

Este es uno de los elementos más delicados sobre cómo escribir una novela. El punto de vista se refiere al ángulo desde el cual se narra lo que sucede en la historia. Un narrador omnisciente tendría un punto de vista total. Es decir, podría incluso describir los puntos de vista que tienen cada uno de los personajes. Por el contrario, un monólogo siempre supondría un punto de vista enormemente limitado.

Esta distinción puede parecer irrelevante. No obstante, esconde un enorme potencial dramático a la hora de responder a la pregunta de cómo diseñar una novela. Los puntos de vista, cuando se contraponen, generan conflictos. Estos manan, sencillamente, de visiones distintas de entender y relacionarse con el mundo, propias de cada personaje. Implican intereses, traumas, sentimientos y discursos contrapuestos.

Para poner un ejemplo claro de esto, se pueden citar casos concretos. Por ejemplo, El ruido y la furia, la novela del autor estadounidense William Faulkner. Está compuesta por cuatro monólogos, cada uno perteneciente a un personaje y a un periodo temporal distinto. Como resultado, la novela aúna cuatro puntos de vista contradictorios. El conflicto surge cuando, a través de estas cuatro lentes, se relata un mismo suceso, central en la trama. Cada monólogo lo evoca y recrea de una forma diferente.

Más allá de la literatura, esta técnica es la misma que empleó Kurosawa para escribir el guion de Rashomon. En esta película se narra una asesinato desde distintos puntos de vista. Como resultado, se establece una tensión dramática: ¿cuál se aproxima más a la verdad?

Cómo organizar una novela: estructura

Cuando nos preguntamos cómo escribir una novela, pronto nos remitimos a su organización interna. Es decir, a su historia narrada, ¿cómo se dispone desde la primera a la última página? En la mayoría de los casos se sigue un esquema o estructura general. Esto ayuda a segmentar la historia en partes y a colocar en cada una los contenidos adecuados. Luego, el orden de estos contenidos puede variar a gusto del escritor. Pero, en un primer momento, es conveniente ordenar en el tiempo todo aquello que sucede en la historia. Así, después podrá manipularse con entera confianza.

La particiones habituales de una novela son bien conocidas por casi todos los aficionados. Consta de una presentación, de un nudo y de un desenlace. En la primera se presentan los personajes principales y el conflicto que guía al protagonista. Seguidamente, este se enfrenta a una serie de obstáculos. En la tercera se concluye la historia.

El guion

A la hora de pensar cómo escribir una novela, es conveniente tener en cuenta otros géneros narrativos. Sin duda, el más provechoso es el del guion cinematográfico o televisivo. Evidentemente, tiene muchos aspectos en común, como el de los personajes. No obstante, donde más puede ayudarle a un novelista es en el apartado de la estructura.

En el mundo del guion, la historia no se divide en presentación, nudo y desenlace. Las particiones son mucho más numerosas y están mucho más matizadas. En principio, cabría distinguir entre acto 1, 2, 3, 4, 5 o incluso 6, 7 u 8, según lo compleja que sea la trama. A lo largo de estos actos se irían describiendo distintos arcos argumentales. Y cada arco, a su vez, tendría un sentido propio en relación con la evolución de los personajes.

Con todo esto en mente, ya sabes todo lo esencial sobre cómo escribir una novela. Lo único que te falta es ponerlo en práctica. Para ello, lo mejor es que primero cojas una hoja en blanco y hagas esquemas y esbozos. Una vez que tengas claro el ‘esqueleto’ de la historia y los personajes, simplemente… ¡Manos a la obra!

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