El arte cerámico ha evolucionado junto con la humanidad, acompañándola desde sus inicios. El hombre primitivo necesitaba vasijas para conservar líquidos o cocer los alimentos, observando que el barro podía moldearse. El fuego proporcionó a este material la dureza, la impermeabilidad y la resistencia necesarias. La incesante evolución histórica de las técnicas empleadas es una prueba de su valor. Por ello, en este post hemos hecho un recorrido por el origen y evolución del arte cerámico, conocimientos indispensables en un tasador de obras profesional. Síguenos.

Orígenes de la alfarería

Las evidencias indican que la palabra cerámica procede del griego. Para algunos viene de la palabra keramiké, que significa arcilla. Otros afirman que deriva de Ceramos, hijo de Dionisio y Ariadna, creador del oficio de la alfarería.

Esta práctica apareció en dos lugares distantes en tiempo y espacio, de manera independiente. La encontramos en Japón en el año 11.000 a.C. y en Mesopotamia en el 8.000 a.C. Las características de los materiales utilizados permitieron fabricar piezas con significado religiosos, sellos para estampar, adornos y amuletos.

Los objetos prácticos, que como imaginarás tenían la función de servir como recipientes, eran de forma ovoidal. Se elaboraban a partir de una bola de arcilla en la que se hacía un agujero para ir adelgazando las paredes al darle vueltas. Se desconocía entonces la técnica de superponer rollos, que permite conseguir formas distintas.

La importancia del arte cerámico queda claramente reflejada en las divisiones del Neolítico, que se conocen como periodos precerámico y cerámico. Estas vasijas ya eran decoradas con incisiones, incrustaciones y cenefas de colores, ofreciendo más versatilidad. El torno lento y el rápido comenzaron a utilizarse desde el 4.500 a.C. y 2.000 a.C., respectivamente, y a partir del 1.500 a.C. se produjeron objetos vidriados.

El arte cerámico en las distintas civilizaciones

Las distintas técnicas y modos de decoración que se emplearon para fabricar las piezas determinaron tradiciones muy diversas. Los usos también tuvieron diferentes propósitos. Es posible observar estas diferencias en cada una de las más importantes civilizaciones.

Antiguo Egipto

El torno comenzó a utilizarse cerca del año 2.600 a.C., así como los distintos esmaltados. La costumbre de enterrar a los difuntos con todas sus pertenencias permitió que se conservaran muchos objetos, como copas y collares. Entre las características del arte cerámico que puedes observar figuran los colores azules y verdes, producto del óxido de cobalto. Los conocidos escarabajos azules son un ejemplo de gran significado artístico.

Caldea, Asiria y Babilonia

Estas civilizaciones mesopotámicas emplearon profusamente los ladrillos de arcilla, que en muchos casos eran el principal material de construcción de edificios religiosos o civiles. Una forma común de decorar era trazar formas geométricas de color pardo sobre fondo blanco. En esta región y época se recurrió a las tablas de arcilla, sobre las que se escribía con caracteres cuneiformes.

Una pasta coloreada hecha a base de sílice servía como elemento decorativo, y se utilizó para dar un acabado vítreo. Podrás observar una obra exquisita, el Friso de los Arqueros del Palacio de Darío I, que se expone en el Museo del Louvre. La riqueza del colorido en los trajes es realmente excepcional.

Antigua Grecia

La más destacada cerámica griega antigua es la producida en las ciudades de Corinto y Rodas. Las formas alcanzaron una extraordinaria diversidad, según el uso al que se destinaban y gracias al impulso del comercio. En el oficio de la alfarería ática del siglo V a.C., muchas piezas estaban característicamente decoradas con figuras rojas sobre fondo negro, plasmadas con extraordinario detalle y destreza.

La proliferación de distintos tipos de recipientes produjo objetos como el lécito, para guardar ungüentos y aceite, el cálato para almacenar lana, las ánforas para transportar vino y granos y el alabastrón, utilizado para guardar perfumes. En las ceremonias se empleaban recipientes diversos, como el plemócoe, un recipiente en el que se depositaban las ofrendas a los dioses.

Imperio romano

El Imperio romano heredó el arte cerámico griego o de otras procedencias y lo orientó principalmente a la producción de objetos de uso cotidiano. Fue de tal importancia, que la alfarería llegó a ser la mayor industria de la época.

Has de saber que para los romanos tenía valor la utilidad práctica más que la ornamental. El hecho se refleja en los utensilios de cosmética o en las linternas. Las vajillas iban desde las humildes hasta las muy sofisticadas, como las llamadas terra sigillata, o arcilla sellada, de color rojo brillante.

Las técnicas se diversificaron y entre las más frecuentes destacan el relieve aplicado, el burilado, la incisión y el estampillado. A pesar de su utilidad práctica, muchas de las piezas trabajadas de esta manera se consideran obras de arte en la actualidad.

El Islam

Esta cultura recogió influencias asiáticas y del Mediterráneo oriental. La utilización de varias clases de compuestos minerales sirvió para dar un característico reflejo metálico. Se valieron de sales de plata, cobre, cinabrio, hierro y azufre, diluidas en vinagre y las piezas eran cocidas a bajas temperaturas.

Los óxidos de cobre y manganeso se aplicaban como esmalte para obtener tonos verdes y violáceos, respectivamente. Las perforaciones e incisiones eran frecuentes como elementos decorativos adicionales, y con ellas se trazaban dibujos geométricos.

En los tiempos del Califato de Córdoba, la cerámica andalusí experimentó un notable desarrollo gracias a la utilización del vidriado de plomo en los barnices con cobre y manganeso. La técnica llamada “cuerda seca” permitía decorar con diferentes esmaltes aplicados de forma contigua, sin que se mezclaran. De esta manera, las piezas ganaban una notable vistosidad.

China

El mayor avance del arte de la alfarería antigua en Asia se alcanzó con la dinastía Yuan. En la decoración de las piezas, muchas de ellas elaboradas con caolín, se utilizaba profusamente el color turquesa para pintar animales y plantas. Con las dinastías Ming y Chiang apareció la figura humana y se ampliaron los colores a tres o cinco sobre fondo blanco.

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