El canon de belleza no ha dejado de perseguirnos a lo largo de la historia. Este ideal que han seguido las diferentes civilizaciones a través de los años ha sufrido cambios radicales de una época a otra. Si quieres conocer más acerca de este término, quién lo estableció, así como su historia, a continuación te lo contamos. Y recuerda que puedes enfocar tu futuro profesional hacia el sector de la moda a través del Máster en Patronaje y Diseño de Moda + Máster Personal Shopper.

¿Qué es un canon de belleza?

Para comenzar, debes comprender el significado de canon. Esta palabra de origen griego hace referencia a un conjunto de reglas. De esta forma, estamos hablando de unas normas que rigen lo bello. Pero estas no van a ser fijas, como puedes comprobar en muchas pinturas, desde la antigüedad hasta nuestros días.

Al igual que existen muchas culturas en nuestro planeta, a veces muy dispares entre sí, también se perciben ideales de belleza diferentes. Pero estos cambios no solo obedecen a las fronteras nacionales, sino también a las diversas épocas que construyen la historia.

Quién estableció los cánones de belleza

Debemos irnos hasta la Grecia antigua para encontrarnos al pionero de la teoría del canon de belleza. Esta recae en Policleto, que se basó en la simetría para determinar quién era o no hermoso. La perfecta proporcionalidad hasta constituir el todo, en este caso, el cuerpo humano establecía esta norma.

Te puedes hacer una idea observando las esculturas que se conservan de esa época. Aunque parece un poco extraña la teoría anterior con lo que se reflejaba en el arte. Por un lado, el hombre bello se representaba en un atleta musculoso. En el caso de la mujer, con una posición poco sensual e, incluso, con caracteres duros, en donde reinaba la simetría, parecía quedar por debajo del hombre.

Existían más detalles que se incluían en lo que era bello para el griego de la antigüedad. Por el lado masculino, además de ser un gran atleta, debía mostrar valores de valentía y equilibrio emocional. La mujer era elevada a un estatus divino si conservaba su virginidad y, sobre todo, si pertenecía al orden de las sacerdotisas.

Qué factores se tienen en cuenta a la hora de establecer un canon de belleza

A la hora de establecer los factores que establecen los cánones de belleza, debemos observar la realidad de un pueblo. En la actualidad, en este mundo global, es más sencillo crear una moda que sigan las personas de la mayoría de los países. De esta forma, se han conseguido establecer determinadas tendencias, que pueden cambiar tan rápidamente como se publica en una red social.

Una regla de belleza es adoptada en el momento que la aprueba la mayoría de la gente. Esta es la misma fórmula con la que se determina un best seller o un premio de la academia del cine. Sencillamente, se le otorga a la población la facultad para aceptar o no un canon. También es posible que este cambie radicalmente de una semana para otra si así se decide.

Por supuesto que no puedes dejar de obviar la influencia de las grandes marcas de la moda. Estas, a través de los medios y la constante publicidad, consiguen convencer al respetable para que acepte un canon.

Debido, precisamente, a las redes sociales, podemos comprobar que, a pesar de la implantación de una regla de belleza, puede existir una minoría que difiera al respecto.

Evolución de los cánones de belleza femeninos hasta la actualidad

Como ya te hemos mencionado, la evolución de lo que entendemos como belleza ha ido cambiando. Esto se aprecia en diferentes épocas. Incluso se consigue explicar la influencia de las nuevas tecnologías, al verse un cambio más rápido en los siglos recientes.

Podemos comenzar a examinar el Renacimiento, del cual tenemos una mayor información. Aunque en un repaso rápido por la Roma y la Grecia antigua, así como en la Edad Media, se aprecia la admiración por la tez blanca. Los rasgos, como ya te adelantamos, son más abruptos en la cultura helena, mientras que se suavizan en el medievo.

La belleza femenina en el Renacimiento

Entre los siglos XV y XVI puedes apreciar a una mujer con rasgos finos, un cuerpo redondeado y un busto firme. Los pies y las manos se presentan delicados y pequeños, destacándose la blancura y los ojos claros. Por supuesto, estos son cánones europeos, que vemos en las pinturas de la época.

La Europa barroca

El Barroco (del siglo XVII al XVIII) implica un cambio en las formas. Mientras que en la arquitectura y en la pintura lo recargado juega un papel crucial, en la mujer se espera también una mayor voluptuosidad. En Las tres Gracias de Rubens puedes ver a tres mujeres de caderas anchas, rellenitas y un busto más generoso.

Sigue destacando la tez blanca, así como unos ojos grandes y las cabelleras predominantemente rubias. De esta época también se conocen estos corsés imposibles, que intentaban reducir la cintura al máximo.

El siglo XIX: la época victoriana y el Romanticismo en Europa

En este siglo, el corsé sigue siendo la estrella. Se comienza a prestar más atención a un busto cada vez más llamativo por su gran tamaño. Por eso, vemos a una mujer enseñando un gran escote, al mismo tiempo que reduce su cintura.

Si por estar bella era necesario desmayarse por la falta de aire que provocaba el corsé, merecía la pena. Al menos, este era el pensamiento de muchas mujeres.

El siglo XX

En un siglo de abundantes cambios, durante las dos primeras décadas vemos a mujeres rectilíneas. Después, hasta los años 40, se pretende mostrar con más naturalidad el cuerpo voluptuoso.

Hasta los 60, siguen reinando las curvas y las piernas largas, resaltándose especialmente el cabello rubio. Desde los 80 hasta finales de siglo se comienza a ver una mujer más delgada, con mayor busto.

La actualidad: el siglo XXI

Con más de una polémica, por el peligro de la anorexia, las marcas de la moda parecen combatir por implantar sus cánones. Por un lado, la mujer lineal, sin curvas. Por otro, la curvilínea. Estamos en el siglo en donde se aceptan el piercing y el tatuaje como parte de lo bello.

El canon de belleza, como ves, ha sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos. No se parecen en nada las reglas que nos rigen ahora con respecto a las del siglo XV.