¿Cuántas hemos mirado con deseo (esa envidia sana que nos visita de vez en cuando) a las modelos de las revistas? Esas mujeres que no importa qué estén haciendo (beber con nostalgia un tazón de café, leer relajadamente un libro, esperar despreocupadamente a una amiga…). Siempre, SIEMPRE, lucen sus mejores galas y destilan un halo de encanto y elegancia. Pues, ¿sabes cuál es su secreto? Ellas cuentan con un asesor de imagen. ¿Te apasiona la moda? ¡No te pierdas nuestro Máster en Patronaje y Diseño de Moda + Máster Personal Shopper!

 

La importancia del asesor de imagen

Cosmopolitan, Vogue, Elle… Girls, Gossip Girl, Sexo en Nueva York… Todas estas obras visuales tienen un aspecto en común: el glamour.

Para diversos bolsillos y estilos: algunos conjuntos están al alcance de la mayoría, otros, en cambio, solo te los puedes permitir si eres Carrie Bradshaw. Unos son para un gusto más street, y otros para quienes prefieren una delicada falda de seda.

Pero la conexión entre todos ellos es que los amantes de la moda podemos disfrutar de personajes que se gustan a sí mismos y resaltan su propia belleza. Demostrándonos que, en el mundo del estilismo conviven numerosas identidades (femenina, punk, casual…) y que todas ellas pueden ser deliciosas si se eligen las prendas con esmero.

 

¿Por qué todas podemos ser Blair Waldorf o Chuck Bass?

Una de las parejas más amadas y odiadas de la televisión. Vale, no vamos a entrar en su manera más o menos acertada de “hacer amigos”. Pero, ¿no nos encantaba a todas/os la distinción con la que se vestían, incluso para practicar ejercicio?

No obstante… aquí viene un secreto entre bambalinas: Leighton Meester (la actriz que le interpretaba) únicamente se ocupaba de aprenderse el guión y actuar. Quienes se aseguraban de que sus conjuntos fueran favorecedores e impecables, eran… sus asesores de imagen.

En realidad, cualquiera de nosotras puede ser Blair si contamos con el asesoramiento adecuado. Y lo mismo ocurre en el caso de Chuck.

 

¿En serio? ¿En qué se basa ese asesoramiento de imagen?

No podíamos estar hablando más en serio. Verás, en el momento de determinar qué prenda es la indicada para cada persona, hay muchos factores que entran en juego.

Por una parte, la personalidad de dicho sujeto, pues lo más importante es que te sientas cómoda e identificada. Si eres una persona práctica, odiarás la falda de tubo a los cinco minutos de ponértela, y si eres más presumida, puede que te sientas contrariada con un look estilo boyfriend.

Asimismo, en dependencia de tus rasgos físicos (tales como la estructura corporal, el color de ojos y piel, la largura del pelo…) existen ciertos cortes, tipos de prendas, gamas de colores… que debes evitar o amar con lealtad.

Con lo que, como ves, esto es un arte. Quien viste, además de poseer un amplio conocimiento sobre la temática, debe ser muy minucioso para potenciar al máximo la belleza que reside en todas/os nosotras/os.

 

Los ojos son el espejo del alma…

Y los labios, y las mejillas, y las pestañas. No podemos estar más de acuerdo con esta premisa que nos incita a mirar en el interior de las personas, en lugar de quedarnos en la superficie.

Pero en esta ocasión, vamos a apremiarte a que reflejes en el exterior toda la hermosura y atractivo de tu interior. Y no lo hagas para atraer a otras personas o crear una mejor primera impresión. No. Hazlo para que, cada vez que te cepilles el pelo frente al espejo o pases por un escaparate, te salga dedicarte una sonrisa de oreja a oreja. O puede que hasta se te escape un piropo, quién sabe.

Eso sí, para lograrlo, no solamente hay que prestar atención a la ropa. Pues existen otros muchos factores igual de relevantes.

Por ejemplo, el maquillaje. Una mirada impactante, unos labios seductores, una tez sugerente. Todo ello se puede conseguir con un enfoque adecuado, la técnica idónea, y el material apropiado.

Pero -y esto es lo más determinante- la actitud, lo es todo. Y por eso hemos mencionado la importancia de que la selección del asesor de imagen se amolde a tu forma de ser. El atuendo que lleves debe conseguir que te consideres la reina o el rey del mundo. Que salgas a la calle pisando fuerte y te comas el universo. Porque puedes llevar la vestimenta más impresionante jamás diseñada, pero si no la sientes… ya lo hemos dicho, lo más importante está en el interior.

 

El verdadero reto de un asesor de imagen

Teniendo en cuenta el punto anterior, la cuestión no es que alguien elogie tu aspecto y tú respondas un tímido “gracias”, sin creértelo. El trabajo de un buen asesor de imagen está en que tú sonrías y, orgullosa, contestes: “¿Sí, verdad?” (y entonces vendría el “gracias”, que la educación nunca está de más).

Porque la ropa no debería ser un mero tejido que nos ponemos sobre la piel para no pasar frío. Verdaderamente es un elemento que va a estar presente en todas las etapas de nuestra vida. Es nuestra labor intentar que el proceso de vestirnos sea lo más placentero posible.

Hay gente interesada en el estilismo, pero sin tiempo para salir de compras e identificar los componentes más favorecedores. También están quienes se han resignado a no sentirse a gusto con su vestuario. Bien porque han cambiado de tallaje, o bien porque nunca han sabido cómo sacarse mayor provecho.

Y así podríamos seguir cinco párrafos más, porque la realidad es que la ignorancia puede que nos haga atrevidos. Pero también desaliñados. Y hay situaciones en las que lo más conveniente es rodearnos de otros expertos en la materia, para que puedan ofrecernos su apoyo.

 

Uhmm… ¿me he quedado sin excusas?

Efectivamente. Como hemos podido ver, no importa cuál sea tu capacidad presupuestaria, disposición de tiempo, identidad personal o estilo de vida. Siempre hay un magnífico asesor de imagen disponible para ti, deseoso de ayudarte a revelar el tremendo potencial que tú tienes. Así que… ¡tú misma!

Olivia Pope (Kerry Washington en Scandal) se pasaba el día encubriendo escenarios de crímenes. E intentando que no le mataran mientras gestionaba los dilemas políticos de Norte América. Y, sin embargo, jamás hemos podido verla descuidada o carente de esa elegancia innata que le caracteriza.

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