Basta un rápido vistazo a la sociedad actual para entender cómo el mundo del tatuaje ha ido ganando peso y relevancia día tras día. Por ello, no es de extrañar que aprender a tatuar sea una de las actividades más demandadas y con más filón entre los amantes del género.

Las razones son diversas, tanto como la gente que apuesta por ellos. Bien puede explicarse como una manera de expresión artística, o bien como un adorno estético –permanente, es cierto– en boga.

Pero dominar la técnica del tatuaje no es tarea sencilla y requiere de grandes dosis de motivación, cuidada y esmerada formación y muchísimas horas de práctica. ¿Confiarías la instalación eléctrica de tu casa a un panadero? Pues damos por sentado que tampoco confiarías un tatuaje a un inexperto en la materia (ni a un intruso en el sector). Por eso, si de verdad estás interesado en formarte en este arte, tres son los pasos que tener en cuenta. Atento a este post. Y si al acabar de leerlo sigues igual de motivado o motivada por el tatuaje, te recomendamos que eches un vistazo a nuestro Curso de Tatuador Profesional. Adquirirás los conocimientos que necesitas para dedicarte a lo que más te gusta, como conocimiento en la dermis, tipos de pigmentación, técnicas, etc.

Requisitos para aprender a tatuar

La motivación

La motivación mueve montañas, es cierto, pero a veces ella misma se convierte en una. Nuestro consejo es que hagas lo que más te guste en la vida, porque el camino es duro y las ganas de desistir van a aparecer incesantemente. Si tu objetivo está claro y has trazado un plan para acceder a él, que nada te despiste. La perseverancia es la clave y todo lo bueno llega.

Aléjate de gente tóxica que ponga en duda tu objetivo o de los bien llamados vampiros emocionales, que chupan tu entusiasmo a cambio de desmotivarte. Si quieres ser aprender a tatuar y convertirte en tatuador, lo conseguirás. Ignora los débiles argumentos que ambos esgrimen para hacerte desistir de tu meta: “eso no da dinero”, “te vas a morir de hambre”, “haber estudiado empresariales” y la archiconocida “¿y eso para qué?”.

Sigue. Tú puedes.

La formación

Aquí la regla básica es saber dibujar bien. Bueno, muy bien. Ya que una buena base de dibujo lo es todo.

Por más que busques, de momento no se ha constituido una carrera universitaria o un FP propios para aprender a tatuar. No obstante sí que existen algunas escuelas oficiales de maestros tatuadores (como en Madrid). Pero que no cunda el pánico, pues la formación más cercana a tales requisitos sería Bellas Artes. Bien es cierto que tampoco es indispensable portar un título debajo del brazo, pues existen innumerables profesionales que, de manera autodidacta, han aprendido el oficio.

Piensa, además que si a esa buena base de dibujo le sumas una creatividad potente para crear tus propios diseños y no solo tirar de plantilla, el éxito está asegurado.

Lo que no admite negociación es el componente higiénico-sanitario. De hecho, es imprescindible. Bajo ninguna circunstancia podrás ejercer de forma ilegal ni abrir tu local sin antes haber realizado un curso propio de la materia de unas 35-40 horas, dependiendo de la comunidad autónoma. Huelga decir que ha de contar con homologación tanto nacional como europea. Solo con él serás capaz de regular las prácticas del tatuaje, la micropigmentación y los piercings, renovándolo cada cinco años si no quieres tener problemas con inspección.

La experiencia

Si la base de la formación era dibujar bien, la base de la experiencia es echarle muchas horas. Piensa que, a diferencia de otros oficios, aquí trabajas con un material vivo, que cambia, que se altera y que puede condicionarte enormemente tu trabajo. Cada piel es diferente, como lo es cada persona que la pone en tus manos. Por eso necesitas practicar mucho –mucho– y estar al día de las últimas novedades, técnicas y procedimientos.

Tal vez la mejor opción para aprender a tatuar sea convertirte en aprendiz de un maestro tatuador, o entrar a formar parte de alguna asociación de tatuadores. Todas las vivencias que experimentarás y toda la riqueza que te llevarás contigo serán impagables y darán por bueno el tiempo invertido.

Cuando ya te permitan acercarte a la aguja pero aún no a las pieles humanas, hay varias opciones que podrían hacer las veces de ellas: pieles de frutas o verduras, pieles sintéticas, pieles de cerdo o soportes de caucho.

Y esto ya es como el mercado, hay gustos para todo tipo de personas, pero tal vez sea la última opción una de las más recomendables debido a sus propiedades para experimentar las constantes de tensión-profundidad-velocidad de la aguja.

Pero si la impaciencia te puede y necesitas experimentar la sensación única e inimitable de tatuar en piel humana, puedes pedirle a un amigo que se preste como voluntario. Empieza de menos a más, siempre hay tiempo de perfeccionar la técnica e incluso tatúate a ti mismo. Seguro que un pequeño tatuaje en tu tobillo o antebrazo te hará ganar confianza en ti y en tus destrezas.

¿Y qué tatúo?

Seguro que con el tiempo dominarás cualquier estilo, pero para empezar, estos son los tatuajes más demandados:

Old school

Son los tradicionales, los que se remontan a la Segunda Guerra Mundial, llamándose también estilo estadounidense. Suelen apostar por colores primarios, sin mezclas, premiando la sencillez y prescindiendo de demasiadas sombras. Sus principales diseños van desde las golondrinas a las dagas, sin olvidar las pin-ups, entre otros.

New school

A diferencia del primero, apuestan por mucho detalle, mucho color vibrante, exagerado, realismo a raudales, líneas negras gruesas y muy definidas, degradados y bloques de colores estridentes.

Trash polka

De origen alemán, se asemejan bastante a un collage, mezclando figuras realistas con grandes manchas, con un potente mensaje de fondo: la pugna entre la tecnología y la humanidad a través de los rojos y los negros.

Black work

Sumamente peculiar, tan solo utiliza la tinta negra y puede cubrir extremidades y hasta el cuerpo completo dibujado solo con ese color.

Geométrico

¿Adivinas en qué se basa? En efecto, en la geometría. Pero has de ser tremendamente cuidadoso, un solo trazo mal hecho o un punto en el lugar erróneo puede dar al traste con todo el diseño. Además cuenta con un gran simbolismo detrás de cada una de sus formas.

Si has llegado hasta aquí y tus ganas aún persisten, ¿a qué estás esperando? El mundo necesita mentes creativas como la tuya. Nadie dijo que sería fácil, pero valdrá la pena intentarlo.