Una buena redacción es el pilar de cualquier aspirante a escritor. Las frases son, básicamente, los ladrillos que conformarán la obra. Por lo tanto, tienen que ser sólidas y demostrar un dominio del lenguaje. Así como ser capaces de insinuar el estilo del artista. Si no es algo que te salga de manera natural, no te preocupes. Infórmate sobre nuestro Máster en Escritura y Narración Creativa y sigue leyendo. Y es que hay una gran cantidad de ejercicios que te pueden ayudar a mejorar tus capacidades. ¿Te los contamos?

 

Cómo mejorar la redacción

El primer punto estaría en la parte formal: las faltas de ortografía, las frases incoherentes y demás. Lo cierto es que no siempre es fácil construir una historia. Siempre hay frases, acciones o momentos difíciles de expresar. Sin embargo, con estos ejercicios seguro que mejorarás mucho y muy pronto:

 

Brevedad ante todo

Muchas veces tratamos de crear frases o párrafos muy rebuscados, buscando decir mucho en muy poco. Esto es un error, ya que lo único que consigues hacer es marear la perdiz. Fíjate en autores de la talla de Hemingway. Buena parte de su éxito está en su sencillez. Si todavía estás empezando, nada mejor que tratar de ser breve y conciso.

 

Restar puntuación para sumar

¿Verdad que tus primeros escritos están llenos de comas por doquier? Es algo muy común. Los problemas con la puntuación son muy naturales. Principalmente porque tendemos a pensar que el lector, en caso de no encontrar suficientes comas en las frases, terminará por perderse en ellas. Nada más lejos de la realidad. Por lo general lo único que hacen es entorpecer tu texto. Así que ya lo sabes: una vez esté escrito, haz una buena limpieza en lo que a puntuación se refiere.

 

Una idea por párrafo

Trata de centrar siempre el mensaje principal que estás tratando de transmitir. ¿Es una descripción? ¿Un diálogo? ¿Algún personaje está haciendo alguna acción? Trata de centrarte en eso y de narrarlo con elegancia, pero de una manera descriptiva.

 

Lee mucho

Para saber utilizar bien las palabras no hay nada como leer muchos libros.Y no solo novelas: teatro, artículos… lo que sea. Todo te vendrá bien para interiorizar debidamente cómo se emplea el lenguaje en cada caso. Cuentas con una gran cantidad de tiempos verbales, fórmulas y expresiones. Tienes que entender que el vocabulario y sus formas son la argamasa de lo que construyas. Por lo tanto, cuanta más intimidad tengas con esos recursos, mejor será tu obra.

 

Acierta con las palabras

Revisa el vocabulario y trata de no repetirte demasiado. Por ejemplo, procura que una misma palabra nunca esté más de dos veces en un párrafo, ni la utilices muchas veces por página. Para ello, un diccionario de sinónimos te puede ayudar. También puedes tratar de construir la información de otra manera, con otro orden.

 

Ejercicios para una redacción creativa

Una cosa es la redacción mecánica o formal y otra es generar un contenido artísticamente relevante. Es decir, cómo formular una historia. Su argumento, cómo emplear metáforas y demás. Estos ejercicios te pueden ayudar en muchos casos.

 

Sal de lo conocido

¿Escribes realismo? ¿Fantasía? ¿Por qué no pruebas a cambiar el género? No tiene por qué ser algo definitivo, pero suele ser algo que estimula, y mucho. Salir de la zona de confort creativa te obliga a pensar la historia de otra manera. Tienes que encontrar nuevas tramas y poner en práctica otros recursos. Luego asimilarás esos puntos y podrás emplearlos en tu propio terreno. Es como cuando pasas demasiado tiempo encerrado en un sitio y sales a airearte y a descansar. Vuelves con más ideas y con fuerzas renovadas.

 

Cambia a tus personajes

Hay una técnica bastante original y diferente. Consiste en obligar a tus personajes a hacer alguna tontería. Al cometer estupideces, te fuerzas a ti mismo a pensar la historia de otra manera. Tendrás que analizar ese caso en concreto y encontrarle respuesta. Es decir:si tú mismo enredas la trama, te verás obligado a resolverla. Este tipo de prácticas te suelen abrir las puertas de nuevas historias.

 

Fija un tema y no te detengas

Esto es algo que puedes hacer a diario. Busca un tema concreto y ponte a escribir sobre él durante quince minutos. Todo lo que te venga a la cabeza, de manera ininterrumpida. Ese tipo de notas te ayudan a adaptarte a cualquier situación. Este ejercicio también es un estímulo para aprender más vocabulario y encontrarle valor literario a territorios o temas que, en un primer momento, podían no tenerlo. Luego esas notas te pueden ser de gran ayuda para tus propias obras, pudiendo sacar frases o ideas de ellas.

 

Empezar por el final

¿Lo que te cuesta es crear un buen hilo argumental para tu obra? Entonces tienes una solución bastante clara y sencilla: empieza por el final. Literalmente, escríbelo. Así sabrás hasta dónde tienes que llegar y solo te quedará recorrer el resto del trayecto. Te será mucho más fácil diseñar tus personajes, crear los diálogos y desarrollar la historia. Es una buena manera de conseguir un argumento potente. En este caso la dificultad recaería sobre una correcta escritura.

 

Escribe sobre tus sueños

¿Verdad que cuando duermes sueñas con auténticas locuras, mundos diferentes y cosas que en la vida real no suceden? Describirlos puede parecer misión imposible. Pues, lo sea o no, es algo que tienes que intentar hacer. Describir lo que sueñas es un estímulo más que suficiente para forzar a tu cerebro a dar el máximo de sus capacidades. Piensa que, en el caso de este ejercicio en concreto, tendrás que hacer acopio de todos tus recursos para poder realizar una redacción aceptable.

En conclusión, la redacción es un arte en el que muchas veces resulta sencillo fracasar. Estos ejercicios son una ayuda excelente para que vayas descubriendo técnicas y avanzando por tu cuenta poco a poco. En cualquier caso, los cursos o talleres también te pueden ayudar a desarrollar al máximo tus capacidades. Y también a conseguir obras pulidas y más coherentes. No olvides que tiene un fuerte componente de práctica y técnica.